EMPRESAS CON CONCIENCIA: SER EMPRESARIO Y TENER CONCIENCIA SOCIAL , UN CAMINO POSIBLE Y NECESARIO PARA CONSTRUIR UN MUNDO MEJORMi nombre es Carmen y soy profesora en la Universidad
Abat Oliba CEU de Barcelona. Mi especialidad
es el derecho internacional, por lo que mis conocimientos
económicos son muy parecidos a los que pueda
tener un ciudadano de a pie. Con ello quiero decirte que
no pretendo escribir un libro de economía, ya que sería pretencioso
hacerlo, sino que el motivo que me ha llevado a
explicarte lo que leerás a continuación está relacionado con
mi deseo de transmitirte lo que he aprendido y he experimentado
a lo largo de los últimos diez años acerca de la
economía solidaria.
En concreto, esta aventura empezó cuando le transmitía
a un amigo de la facultad mi frustración por no poder dedicar
mi tiempo a ayudar a los demás. Diego, que así se
llama, me miró con asombro y me dijo: «Carmen, cada
etapa en la vida tiene sus momentos, y a ti ahora te toca
aplicar tus experiencias y todo lo que la vida ha ido poniendo
a tu paso a lo largo de los años. Has hecho voluntariado,
has participado en obras sociales, has asistido a
congresos, has indagado en bibliotecas, pero ahora tienes
una oportunidad preciosa de poner tus conocimientos al
servicio de tus alumnos y de todo aquel que te quiera escuchar
». Diego me siguió diciendo: «Tus obligaciones no te
permiten ir a Calcuta como si fueras la Madre Teresa, pero
sí puedes aplicar todo lo que sabes para buscar soluciones
que mejoren la calidad de vida de las personas desfavorecidas
que tienes a tu alrededor, y algo aún mejor, aprovechar
las aulas para transmitir a tus alumnos los valores que has
desarrollado a lo largo de estos años para que ellos sigan
con lo que tú has iniciado».
Su respuesta me hizo reflexionar y me puso en alerta para
buscar cómo podía aplicar todo lo que había aprendido a lo
largo de años de trabajo universitario en colectivos con los
que mi actual modo de vida me impedía el contacto. Mi día
a día transcurría entre la universidad y mis obligaciones familiares,
sin dejarme respiro para poco más.
Yo creo en el destino, y lo que voy a explicar a continuación
lo confirma. Cuando empezó el curso había un
alumno que llegaba sistemáticamente diez o quince minutos
después de empezar la clase. Él era más mayor que la
media del resto de los alumnos, y su aspecto, a veces cansado
y a veces nervioso, me impedía reprocharle su falta de
puntualidad. Creo que él percibió que yo estaba molesta y
un día se dirigió a mí al final de la clase. Me dijo: «Perdone
que llegue tarde, pero soy el director de una pequeña fun-
dación en la zona norte de Barcelona que trabaja con jóvenes
en riesgo de exclusión social, y aunque quiero llegar
siempre a tiempo, en muchas ocasiones me veo obligado a
quedarme a resolver situaciones urgentes que me impiden
llegar a la hora». Lo miré y te aseguro que la señal que esperaba
se manifestó en aquel momento. Ignacio, mi alum -
no, era la persona que me iba a llevar de la mano a un
mundo que para mí era desconocido y con el que yo había
adquirido el compromiso de cambiarlo en la medida de mis
posibilidades.
Ignacio siguió llegando tarde, pero su decisión de terminar
sus estudios de Derecho para beneficio de su fundación
no le hicieron perder su constancia, y yo encontré la vía de
aproximarme a una realidad muy dura y muy cercana que
hacía innecesario el viaje a Calcuta, ya que en un barrio de
la ciudad en la que vivo también había necesidades urgentes
que reclamaban mi trabajo.
Durante todos estos años, Ignacio ha sido muy generoso
y hasta diría que mejor maestro que yo. Me ha mostrado
un camino que él había conocido en sus viajes por Europa
desde su juventud, empapándose de nuevas fórmulas que
años después permitirían a los jóvenes de barrios como el
suyo salir de la marginalidad e incorporarse a una sociedad
que por el momento los había excluido.
A partir de ese curso hemos trabajado codo con codo.
Primero, estudiando y analizando los in